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martes, 16 de octubre de 2012

¡Qué lejos estamos!

El Pacto de las catacumbas fue un compromiso hecho entre unos cuarenta padres conciliares en una tenebrosa catacumba romana para desfigurar el rostro de la Iglesia y darle una apariencia de una vulgar ONG o de, como les gusta a los isamitas, de una organización popular. Los signatarios de ese pacto ya no están en este mundo (y habría que ver en qué medida fueron fieles a su compromiso…) y su proyecto voló por los aires o, más bien, se escurrió en alguna cloaca subterránea. 

Gracias a Dios estamos muy lejos de esa utopía. A pesar de las tempestades y de los piratas que a todo momento pretenden desviarla o hundirla, la Barca de Pedro navega majestuosa por los mares de un mundo conturbado, rumbo al puerto del Reino, conducida por el Romano Pontífice. Con la Eucaristía y con María, no tiene nada que temer.

¡Qué lejos se está de la fidelidad al Evangelio y de una profesión de fe plena, cuando se toma como maestros a “teólogos” heréticos censurados por la Iglesia como Boff, Sobrino o Torres Queiruga, “ex” sacerdotes (aunque se es sacerdote para siempre) e ideólogos renegados de sus carismas religiosos iniciales y cuyo solo prestigio entre sus seguidores les viene de un grito de rebelión!

¡Qué lejos estamos de tantas metas y compromisos… a años luz!


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