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lunes, 16 de septiembre de 2013

Papa Francisco: ¿amamos a la Iglesia como a nuestra mamá, con sus defectos?

Palabras del Papa durante la Audiencia General
11.09.2013 
Marcin Mazur/Catholic NewsUK

En la audiencia general de hoy en la plaza San Pedro, el Papa Francisco ha retomado las catequesis sobre la Iglesia en este “Año de la Fe”. “Entre las imágenes que el Concilio Vaticano II eligió para hacernos entender mejor la naturaleza de la Iglesia –afirmó el Pontífice- está la de “madre”: la Iglesia es nuestra madre en la fe, en la vida sobrenatural (cfr. Cost. dogm. Lumen Gentium, 6.14.15.41.42). Es una de las imágenes más usadas por los padres de la Iglesia en los primeros siglos y pienso que puede ser útil para nosotros. Para mí es la imagen más bella de la Iglesia: la Iglesia es madre.

“En primer lugar –dijo- una madre da la vida, lleva en su seno a su hijo durante nueve meses y después lo abre a la vida, generándolo. Así es la Iglesia: nos genera en la fe, por obra del Espíritu Santo que la hace fecunda, como la Virgen María.

La Iglesia y la Virgen María son mamás las dos, y lo que se puede decir de la Iglesia, se puede decir también de la Virgen”. “Cierto –prosiguió- la fe es un acto personal: “yo creo”, yo personalmente respondo a Dios que se hace conocer y quiere ser mi amigo (cfr Enc. Lumen fidei, n. 39). Pero la fe la recibo de otros, en una familia, en una comunidad que me enseña a decir “nosotros creemos”. ¡Un cristiano no es una isla! Nosotros no nos convertimos en cristianos en un laboratorio, no nos convertimos en cristianos solos o con nuestras fuerzas, la fe es un regalo, es un don de Dios que nos viene dado en la Iglesia y a través de la Iglesia.

Este es el momento en el que nos hace nacer como Hijos de Dios, que nos genera como madre. Si vais al Baptisterio de San Juan de Letrán, la catedral del Papa, en el interior hay una inscripción latina que dice más o menos así: ‘Aquí nace un pueblo de estirpe divina, generado por el Espíritu Santo que fecunda esta agua; la Madre Iglesia da a luz a sus hijos en estas aguas. Es bello ¿verdad? Esto nos ayuda a entender algo importante: nuestro formar parte de la Iglesia no es un hecho exterior, es formal, no es rellenar un formulario que nos dan… no, no, ¡no es esto! Es un acto interior y vital; no se pertenece a la Iglesia como se pertenece a una sociedad, a un partido o a una organización cualquiera. El vínculo es vital, como el que se tiene con la propia madre, porque “la Iglesia es realmente la madre de los cristianos” (De moribus Ecclesiae, I,30,62-63: PL 32,1336).

Después prosiguió: “Preguntémonos ahora: ¿cómo veo yo a la Iglesia? Me siento agradecido a mis padres porque me han dado la vida, ¿agradezco a la Iglesia que me ha generado en la fe a través del Bautismo?” E improvisando añadió: ¿Cuántos cristianos recuerdan la fecha de su bautismo? Quisiera hacer una pregunta aquí: ¿Cuántos de vosotros –responded cada uno en vuestro corazón- se acuerdan de la fecha de Bautismo? Algunas manos se alzan.. ¿pero cuántos no? Piensan ‘yo creo que fue en Pascua, yo creo que en Navidad, creo que…’ pero la fecha de Bautismo es la fecha de nuestro nacimiento a la Iglesia, la fecha en la que la madre Iglesia nos ha dado a luz. Es bello…. Y ahora un deber para casa: cuando volváis a casa buscad cuál es la fecha de vuestro bautismo. Y es un buen momento para festejar, para dar gracias al Señor por este regalo ¿Lo haréis? (la gente responde: síii). Es un deber, ¿eh? Haced los deberes….

¿Amamos a la Iglesia como se ama a la propia madre, sabiendo comprender también sus defectos? Todas las madres tienen defectos, todos los tenemos. Pero cuando se habla de los defectos de la madre, nosotros la justificamos, la amamos, así… La Iglesia también tiene sus defectos. ¿La amo así, como a la mamá? ¿La ayudamos a ser cada día más bella, más auténtica, más según el Señor? Os dejo estas preguntas. Pero no olvidéis los deberes ¿eh? Buscad la fecha de vuestro bautismo, para tenerla en el corazón y festejarla”.

“Una mamá –afirmó el Papa- no se limita a dar la vida, sino que con gran atención ayuda a sus hijos a crecer, les da leche, les nutre, les enseña el camino de la vida, les acompaña siempre con sus atenciones, con su afecto y con su amor, también cuando son grandes. Y también en esto sabe corregir, perdonar, comprender, sabe estar cerca en la enfermedad, en el sufrimiento. En una palabra, una buena mamá ayuda a sus hijos a salir de sí mismo, a no permanecer cómodamente bajo las alas maternas, como los polluelos se quedan bajo las alas de la gallina. La Iglesia como una buena madre hace lo mismo: acompaña en el crecimiento transmitiendo la Palabra de Dios, que es una luz que nos indica el camino de la vida cristiana; administrando los Sacramentos. Nos nutre con la Eucaristía, nos lleva el perdón de Dios a través del Sacramento de la Penitencia, nos sostiene en el momento de la enfermedad con la Unción de los enfermos. La Iglesia nos acompaña en toda nuestra vida de fe, en toda la vida cristiana. Podemos repetir esta pregunta: ¿Qué relación tengo con la Iglesia? ¿La siento como madre que me ayuda a crecer como cristiano? Participo en la vida de la Iglesia, me siento parte de ella? ¿Mi relación es una relación formal o vital?”.

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