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lunes, 3 de junio de 2013

Teología de la liberación: “Un error, un acierto y tres omisiones”

En un blog socialcristiano llamado Tertulia encontramos este artículo sobre la teología de la liberación. Es un poco largo, pero vale la pena leerlo pues es claro y objetivo. Aquí se publica para información y formación.

Teología de la Liberación: una historia contada a medias

Javiera Corvalán Azpiazu
Un error, un acierto y tres omisiones. A esto podemos reducir el documento titulado “¿Fue condenada la Teología de la Liberación?”, que publicó en Facebook el autodenominado Grupo U¿C?. Todo partió por la afirmación que efectuó el boletín Vértice, controlado por el Movimiento Gremial, donde se señaló el trasfondo que subyacería al conflicto entre la ex Pontificia Universidad Católica de Perú y la Santa Sede.

Según Vértice, aquella casa de estudios había adherido, en especial a partir de los años setenta, a la teología de la liberación, doctrina que habría sido fuertemente criticada y condenada por Juan Pablo II[1]. La reacción no se hizo esperar. El referido Grupo U¿C? salió al ruedo de la denuncia, haciendo casi una apología de la teología de liberación[2]. Pero ese documento, a mi juicio, se compone de error, acierto y omisiones.

De error, porque no es cierto que los principales teólogos de la liberación hayan acogido las críticas de las instrucciones pontificias. En sus doctrinas aún queda mucho de marxismo[3]. De acierto, porque efectivamente los documentos pontificios que se han pronunciado sobre la teología de la liberación critican sólo ciertos aspectos ella, sin indicar algo así como: “todo el que se llame teólogo de la liberación, sea anatema”Y tres omisiones que cambian radicalmente el panorama.

En primer lugar, se callan las diversas condenas a importantes teólogos de la liberación como Jon Sobrino y Leonardo Boff. Éste fue, en 1985, condenado a guardar silencio y a la privación de todos sus cargos, mientras que el primero tiene prohibido, desde 2007, dar clases en centros eclesiales y publicar libros sin permiso previo de la autoridad eclesiástica. Sobrino y Boff, que son de los más influyentes y emblemáticos teólogos de la liberación, sirven para ilustrar la poca ortodoxia de si bien no todas las tesis, al menos las centrales de la “teología liberadora”[4].

En segundo lugar, se calla también que Juan Pablo II, en el discurso que hizo en 1979 en Puebla, acotó bastante qué debía entenderse por “liberación”: “Hay que alentar los compromisos pastorales en este campo con una recta concepción cristiana de la liberación. La Iglesia tiene el deber de anunciar la liberación de millones de seres humanos, el deber de ayudar a que nazca esta liberación; pero siente también el deber correspondiente de proclamar la liberación en su sentido integral, profundo, como lo anunció y realizó Jesús. «Liberación de todo lo que oprime al hombre, pero que es, sobre todo, liberación del pecado y del maligno, dentro de la alegría de conocer a Dios y de ser conocido por Él (…)”[5]. Para Juan Pablo II, la liberación dentro de la misión propia de la Iglesia no puede reducirse a la simple y estrecha dimensión económica, política, social o cultural[6].

En fin, para salvaguardar la originalidad de la liberación cristiana y las energías que es capaz de desplegar, es necesario a toda costa, como lo pedía el papa Pablo VI, evitar reduccionismos y ambigüedades. De otro modo, la Iglesia perdería su significación más profunda. Señaló el Papa: “Su mensaje de liberación no tendría ninguna originalidad y se prestaría a ser acaparado y manipulado por los sistemas ideológicos y los partidos políticos. Hay muchos signos que ayudan a discernir cuándo se trata de una liberación cristiana y cuándo, en cambio, se nutre más bien de ideologías que le sustraen la coherencia con una visión evangélica del hombre, de las cosas, de los acontecimientos”[7].

En tercer lugar, en el documento del Grupo U¿C? se omite hablar de la existencia de un documento de la Comisión Episcopal del Departamento de Acción Social del CELAM, de junio de 1972. Allí se denuncia, entre otras cosas, la instrumentalización del cristianismo por el marxismo, mediante tácticas como aprovechar las comunidades eclesiales de base como organizaciones no jerárquicas y convertirlas en auténticas “vanguardias”, que, participando de movimientos revolucionarios, busquen nuevas formas de revolución dentro de la Iglesia[8]. Agrega el mismo documento: “Los planteamientos que, a título de ejemplo, enumeramos en los párrafos anteriores, nos están indicando claramente que en la actualidad no se pretende combatir directamente a la Iglesia, sino que se la quiere instrumentalizar, partiendo de categorías cristianas -como “liberación”, “salvación”, “solidaridad”, “amar hasta la muerte”, etc.- a las que, vaciadas de su contenido evangélico, les infunde inspiración marxista”[9].
En resumidas cuentas, bajarle el perfil a las instrucciones de la Santa Sede sobre la teología de la liberación, como parece hacer en este caso el Grupo U¿C?, ha sido siempre una argucia para desviar la atención de lo esencial. Que no haya una instrucción que condene a todos los teólogos de la liberación sobre todos los aspectos de su doctrina no es, a mi juicio, exigible a la Iglesia, ni tampoco lo primordial. ¿Acaso es esperable que la Santa Sede conozca cada uno de los cambios y matices de cada señor que se hace llamar “teólogo de la liberación”? De hecho, el papa Pío X, en su encíclica Pascendi, denunció que aquella era una de las tácticas usadas por los seguidores del modernismo teológico, el que si bien no podemos identificar inmediatamente con la “teología de la liberación”, porque en ese entonces aún no existía, sí contenía lo que es germen y sustrato teológico de esta última.

Para resolver la cuestión, lo fundamental es comparar si lo que enseñan la mayoría de estos teólogos es compatible con el Magisterio de la Iglesia: si creen o no que Cristo es una persona divina en dos naturalezas, y en el misterio de la transustanciación eucarística; si creen o no en la virginidad de María, en los sacramentos, en el pecado original y en la historicidad de los Evangelios. Quien haya leído obras, incluso actuales, de los principales teólogos de la liberación, notará que muchas de estas cosas se niegan total o parcialmente[10]. Creo que son preguntas como éstas las que ponen los puntos sobre las íes. Es fácil demostrar, una vez que dichos teólogos afirmen claramente qué es lo que piensan sobre temas como aquellos, si están o no en concordancia con el Magisterio de la Iglesia.

Por último, cabe hacer una consideración no menor. La “opción preferencial por los pobres” de que habla el artículo no es patrimonio exclusivo de la teología de la liberación. El tener un singular amor a los más necesitados es un hecho inseparable de la historia de la fe.  La encontramos en el Evangelio y en diversos documentos pontificios a lo largo de la historia.

Por este motivo, me parece errada la interpretación que el comentado Grupo U¿C? hace del siguiente fragmento de una instrucción eclesiástica: “Esta llamada de atención de ninguna manera debe interpretarse como una desautorización de todos aquellos que quieren responder generosamente y con auténtico espíritu evangélico a ´la opción preferencial por los pobres´”[11]. Este fragmento no representa una condescendencia por parte del Vaticano a la teología de la liberación. No estamos frente a un espaldarazo de Roma hacia aquella aproximación teológica. Es simplemente un recordatorio de lo que la Iglesia ha enseñado desde todos los tiempos, como puede apreciarse en los ejemplos que consigno al pie de esta página y que invito a revisar [12].

Con  todo, sin perjuicio de lo dicho, sigue faltando hasta aquí lo más importante: un mea culpa por parte de los católicos. Y es que si bien es verdad que la Iglesia siempre ha tenido una doctrina favorable a los más pobres, quienes la conformamos no siempre hemos tenido una práctica en consonancia con dicha doctrina. Esto tocó fondo con la llamada Revolución Industrial y la consiguiente “cuestión social”, la que, al intensificarse las injusticias con el paso de las décadas, fue el caldo de cultivo de la teología de la liberación en Hispanoamérica. Así, a partir de un diagnóstico correcto, esto es, “los católicos no estamos construyendo una sociedad según el Evangelio”, salió, no obstante, un remedio equivocado, con desafortunadas consecuencias doctrinales y prácticas.

Si queremos que la historia no se repita, hay que empezar, desde ahora, a jugar en cancha propia. Basta de ser cómplices de un sistema económico injusto y que nada tiene que ver con el cristianismo. Basta de la hipócrita autocomplacencia cuando decimos: “no importa si acumulas y acumulas riquezas, lo que importa es la pobreza de espíritu”. Porque si una visión marxista de la historia y la sociedad no soluciona las cosas, tampoco lo hace la visión individualista del protestantismo que implícitamente a veces adoptamos muchos de los unidos a Roma.

Si no queremos que, por no buscar nosotros el salvavidas, lo encuentren otros y sea de plomo, asumamos de una vez por todas las ineludibles consecuencias sociales que debe traer la puesta en práctica del Evangelio. Para desarrollarlas, eso sí, haría falta una nueva columna.

Javiera Corvalán Azpiazu


[1] Cfr. VÉRTICE, agosto 2012. Disponible en: http://issuu.com/mgpuc/docs/vertice_agosto_2
[2] Cfr. GRUPO U¿C?, “¿Fue condenada la teología de la liberación?”. Disponible en: http://es.scribd.com/doc/104734973/%C2%BFFue-condenada-la-Teologia-de-la-Liberacion
[3] De hecho, quien lea la edición de “Teología de la Liberación. Perspectivas” (Gustavo Gutiérrez) que salió después de las instrucciones magisteriales, notará que muchos errores permanecen. Así, por ejemplo, si bien su autor reconoce que para la comprensión del Evangelio hay que aproximarse a él desde una visión realista, a través de sus análisis bíblicos deja ver el uso de una hermenéutica que mantiene los rasgos de la dialéctica marxista, lo que a su vez se ve en sus conclusiones.
[4] Digo que no todas, porque, en efecto, puede darse una verdadera teología de la liberación, es decir, del pecado y de sus consecuencias (tanto materiales como inmateriales). Para ello hay que tener en cuenta que “una de las condiciones para el necesario enderezamiento teológico es la recuperación del valor de la enseñanza social de la Iglesia’” (Instrucción sobre algunos aspectos de la ‘Teología de la Liberación’ Libertatis nuntius).
[5] JUAN PABLO II, Discurso inaugural de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.
[6] Cfr. JUAN PABLO II, Ibid.
[7] PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi.
[8] Cfr. CELAM, Documento de Puebla de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.
[9] CELAM, Ibid.
[10]  Cfr. MIGUEL ÁNGEL FUENTES IVE, “¿Qué es la Teología de la Liberación? ¿Qué se puede decir de ella?”. Disponible en: http://www.teologoresponde.com.ar/respuesta.asp?id=133
[11] Cfr. GRUPO U¿C?, “¿Fue condenada la teología de la liberación?”. Disponible en: http://es.scribd.com/doc/104734973/%C2%BFFue-condenada-la-Teologia-de-la-Liberacion
[12] Ya en el año 70 D.C tenemos un exhorto que hace la “Didaché” a responder a las necesidades de los pobres: “No rechazarás al necesitado, sino que comunicarás en todo con tu hermano, y de nada dirás que es tuyo propio. Pues si os comunicáis en los bienes inmortales ¿cuánto más en los mortales?”. Otra de entre muchas muestras de lo señalado es el reproche que hace el fraile dominico Antonio de Montecinos, en 1511, del trato inhumano que daban los conquistadores españoles a los indígenas: “Estáis en pecado mortal, y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes (…). ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos de sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir los matáis por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios y Criador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y los domingos?”. Más tarde, la encíclica Rerum Novarum de León XIII (1891) afirma: “Es hacia las clases desafortunadas hacia donde el corazón de Dios parece inclinarse más (…). Jesucristo abraza con una caridad más tierna a los pequeños y a los oprimidos (…). Lo mismo debe suceder con el comportamiento de los cristianos. La misión del Estado es la de asegurar particularmente la defensa de los débiles y oprimidos (…). Es necesario denunciar “la miseria inmerecida” de la que los proletarios son hechos víctimas graves, y la Iglesia quiere dar su aporte para “resolver el problema social””. Tenemos posteriormente, también, el catecismo del Papa San Pío X (1905), en el que se incluyen dentro de los “pecados que claman al Cielo” la opresión del pobre y la retención del jornal del obrero (lo que tiene por fuente el Evangelio mismo). Mencionemos por último una de las cosas señaladas por la Constitución Pastoral Gaudium et Spes (1965): “La Iglesia tiene la firme voluntad de responder a las inquietudes del hombre contemporáneo, sometido a duras opresiones y ansioso de libertad. La gestión política y económica de la sociedad no entra directamente en su misión (…). Pero el Señor Jesús le ha confiado la palabra de verdad capaz de iluminar las conciencias. El amor divino, que es su vida, la apremia a hacerse realmente solidaria con todo hombre que sufre. Si sus miembros permanecen fieles a esta misión, el Espíritu Santo, fuente de libertad, habitará en ellos y producirán frutos de justicia y de paz en su ambiente familiar, profesional y social”. Y podríamos seguir.



1 comentario:

  1. Excelente columna!!

    Sigue un orden muy claro y lógico en la argumentación. Además, respalda con citas muy precisas todo lo afirmado.

    Realmente estamos frente a un texto muy útil para conocer los errores de la Teología de la Liberación, y la actitud humilde, propositiva y, sobre todo, caritativa, que debemos los católicos adoptar frente a la peligrosa heterodoxia dentro de la Iglesia.

    ¡Que Dios la bendiga, y bendiga a todos los hombres de buena voluntad!

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