Monseñor Proaño no fue “un gran profeta
latinoamericano”, entre otras razones porque, como dice Jesús, nadie es profeta
en su tierra. Fue un Obispo con sus aciertos y sus errores. Ambicionando ser
profeta, probablemente el Padre Pierre dejó su tierra y vino para acá. Nunca
sabremos sus antecedentes y su verdadera historia. Pero volvamos a Mons.
Proaño. ¿Sería un profeta?
En la que fue su diócesis, el sucesor
Parrilla no comparte su opción: la profecía no se realizó. En Ecuador, los
Obispos tampoco han seguido su ideología, pues se preocupan por todos los
fieles y no solo por los indios y por los pobres. En Latinoamérica y el Caribe,
la Iglesia tiene una pastoral muy centrada en la misión continental de
Aparecida y no en Medellín que ya pertenece al pasado y fue tragado por la historia.
Y la Iglesia Universal pauta su evangelización con el Concilio Vaticano II
(cuatro mil Obispos) y no en el que llama “famoso Pacto de las Catacumbas”
(menos de cuarenta obispos). Este pacto secreto se hizo en paralelo y a
espaldas al Concilio y no es nada “famoso”, como escribe el Padre Pierre, pues
la gente lo desconoce. Lo han publicado recientemente algunos blogs… que pocos
o nadie lee.






