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jueves, 11 de octubre de 2012

“los Padres conciliares no podían y no querían crear una fe o una Iglesia nueva”

10.10.12 
El Papa recuerda el Concilio: “los Padres conciliares no podían y no querían crear una fe o una Iglesia nueva” 
InfoCatolica, 
http://infocatolica.com/blog/buhardilla.php/1210100545-el-papa-recuerda-el-concilio 


En vísperas del comienzo del Año de la Fe, y del 50º aniversario del inicio del Concilio Vaticano II, el Papa Benedicto XVI ofrece a la Iglesia algunos elementos fundamentales para comprender el verdadero espíritu del concilio, en la línea de la “hermenéutica de la continuidad” promovida por él desde el comienzo de su pontificado. 

En la audiencia general de esta mañana, en una magnífica catequesis, el Papa ha decidido “empezar a reflexionar sobre el gran evento de Iglesia que ha sido el Concilio, evento del que he sido testigo directo” y realizó una primera e interesante presentación del tema, subrayando la necesidad de “volver a los documentos del Vaticano II, liberándolos de una masa de publicaciones que, con frecuencia, en lugar de hacerlos conocer, los han escondido”.

Además, en la edición especial que L’Osservatore Romano ha publicado con ocasión de este importante aniversario, se incluye un texto del Santo Padre sobre el Concilio Vaticano II, con el cual presenta un volumen que será próximamente publicado por la editorial Herder con la colección de sus escritos dedicados al concilio. Presentamos nuestra traducción de este valioso e interesante texto del Santo Padre Benedicto XVI.


*** 
Fue una jornada espléndida cuando, el 11 de octubre de 1962, con el solemne ingreso de más de dos mil Padres conciliares a la Basílica de San Pedro en Roma, se abrió el Concilio Vaticano II. En 1931 Pío XI había dedicado este día a la fiesta de la Divina Maternidad de María, en memoria del hecho de que, mil cincuenta años antes, en el 431, el concilio de Éfeso había reconocido solemnemente tal título a María, para expresar así la unión indisoluble de Dios y del hombre en Cristo. El Papa Juan XXIII había fijado para aquel día el comienzo del Concilio, con el fin de confiar la gran asamblea conciliar, por él convocada, a la bondad materna de María, y anclar firmemente el trabajo del concilio en el misterio de Jesucristo. Fue impresionante ver entrar a los obispos provenientes de todo el mundo, de todos los pueblos y razas: una imagen de la Iglesia de Jesucristo que abraza a todo el mundo, en la cual los pueblos de la tierra se saben unidos en su paz.

Fue un momento de extraordinaria expectativa. Grandes cosas debían ocurrir. Los concilios precedentes habían sido casi siempre convocados por una cuestión concreta a la cual debían responder. Esta vez no había un problema particular a resolver. Pero precisamente por esto había en el aire un sentido de expectativa general: el cristianismo, que había construido y plasmado el mundo occidental, parecía perder cada vez más su fuerza eficaz. Parecía haberse vuelto cansado y parecía que el futuro estuviese determinado por otros poderes espirituales. La percepción de esta pérdida del presente por parte del cristianismo y de la tarea que de allí se seguía estaba bien resumida en la palabra “aggiornamento”. El cristianismo debe estar en el presente para poder dar forma al futuro. Para que pudiese volver a ser una fuerza que modela el mañana, Juan XXIII había convocado el concilio sin indicarle problemas concretos o programas. Fue esta la grandeza y, al mismo tiempo, la dificultad de la tarea que se presentaba a la asamblea eclesial.

Cada uno de los episcopados indudablemente se acercó al gran acontecimiento conciliar con ideas diversas. Algunos llegaron más con una actitud de expectativa hacia el programa que debía ser desarrollado. Fue el episcopado centroeuropeo – Bélgica, Francia y Alemania – el que tuvo las ideas más decididas. En lo particular el acento era puesto, sin duda, en aspectos diversos; sin embargo, había algunas prioridades comunes. Un tema fundamental era la eclesiología, que debía ser profundizada desde el punto de vista de la historia de la salvación, trinitaria y sacramental; y a esto se agregaba la exigencia de completar la doctrina del primado del Concilio Vaticano I a través de una revaloración del ministerio episcopal. Un tema importante para los episcopados centroeuropeos era la renovación litúrgica, que Pío XII había ya comenzado a realizar. Otro acento central, especialmente para el episcopado alemán, estaba puesto sobre el ecumenismo: el soportar juntos las persecuciones del nazismo había acercado mucho a los cristianos protestantes y a los católicos; ahora esto debía ser comprendido y llevado adelante también a nivel de toda la Iglesia. A esto se agregaba el ciclo temático Revelación-Escritura-Tradición-Magisterio. Entre los franceses se había puesto cada vez más en primer plano el tema de la relación entre la Iglesia y el mundo moderno, o sea, el trabajo sobre el así llamado “Esquema XIII”, del cual luego ha nacido la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo. Aquí se tocaba el punto de la verdadera expectativa del concilio. La Iglesia, que todavía en época barroca había, en sentido lato, plasmado el mundo, a partir del siglo XIX había entrado de modo cada vez más evidente en una relación negativa con la edad moderna, sólo entonces plenamente iniciada.

¿Las cosas debían permanecer así? ¿La Iglesia no podía dar un paso positivo en los tiempos nuevos? Detrás de la expresión vaga “mundo de hoy” está la cuestión de la relación con la edad moderna. Para aclararlo habría sido necesario definir mejor lo que era esencial y constitutivo de la edad moderna. Esto no se ha logrado en el “Esquema XIII”. Si bien la Constitución pastoral expresa muchas cosas importantes para la comprensión del “mundo” y da relevantes contribuciones sobre la cuestión de la ética cristiana, sobre esto punto no ha logrado ofrecer una aclaración sustancial.

Inesperadamente, el encuentro con los grandes temas de la edad moderna no tuvo lugar en la gran Constitución pastoral, sino más bien en dos documentos menores, cuya importancia se ha visto sólo poco a poco con la recepción del concilio. Se trata, en primer lugar, de la Declaración sobre la libertad religiosa, pedida y preparada con gran solicitud sobre todo por el episcopado americano. La doctrina de la tolerancia, así como había sido elaborada en los detalles por Pío XII, no parecía ya suficiente frente al desarrollo del pensamiento filosófico y del modo de concebirse el Estado moderno. Se trataba de la libertad de elegir y de practicar la religión, como también de la libertad de cambiarla, como derechos fundamentales a la libertad del hombre. De sus razones más íntimas, una tal concepción no podía ser extraña a la fe cristiana, que había entrado en el mundo con la pretensión de que el Estado no podía decidir la verdad y no podía exigir ningún tipo de culto. La fe cristiana reivindicaba la libertad de la convicción religiosa y de su práctica en el culto, sin violar con esto el derecho del Estado en su propio ordenamiento: los cristianos rezaban por el emperador, pero no lo adoraban. Desde este punto de vista se puede afirmar que el cristianismo, con su nacimiento, ha traído al mundo el principio de la libertad de religión. Sin embargo, la interpretación de este derecho a la libertad en el contexto del pensamiento moderno era todavía difícil, ya que podía parecer que la versión moderna de la libertad de religión presuponía la inaccesibilidad de la verdad para el hombre y que, por lo tanto, moviese la religión desde su fundamento a la esfera de lo subjetivo. Ha sido ciertamente providencial que, trece años después de la conclusión del concilio, el Papa Juan Pablo II haya llegado desde un país en que la libertad de religión era contestada por el marxismo, es decir, a partir de una particular forma de filosofía estatal moderna. El Papa provenía casi de una situación que se asemejaba a aquella de la Iglesia antigua, de modo que se volvió nuevamente visible la íntima ordenación de la fe al tema de la libertad, sobre todo la libertad de religión y de culto.

El segundo documento que se revelaría luego importante para el encuentro de la Iglesia con la edad moderna ha nacido casi por casualidad y ha crecido en varios estratos. Me refiero a la declaración Nostra Aetate sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Al comienzo estaba la intención de preparar una declaración sobre las relaciones entre la Iglesia y el judaísmo, texto que se volvió intrínsecamente necesario después de los horrores de la Shoah. Los Padres conciliares de los países árabes no se opusieron a tal texto, pero explicaron que si se quería hablar del judaísmo, entonces se debía decir también algunas palabras sobre el islam. Cuánta razón tenían al respecto, en Occidente lo hemos entendido sólo poco a poco. Finalmente surgió la intuición de que era justo hablar también de otras dos grandes religiones – el hinduismo y el budismo – como también del tema religión en general. A esto se agregó luego espontáneamente una breve instrucción relativa al diálogo y a la colaboración con las religiones, cuyos valores espirituales, morales y socio-culturales debían ser reconocidos, conservados y promovidos (cfr. n. 2). Así, en un documento preciso y extraordinariamente denso, fue inaugurado un tema cuya importancia en la época no era todavía previsible. Qué responsabilidades esto implica, cuánto esfuerzo se necesita todavía para distinguir, aclarar y comprender, parecen cada vez más evidentes. En el proceso de recepción activa ha surgido poco a poco también una debilidad de este texto, de por sí extraordinario: habla de la religión sólo de modo positivo e ignora las formas enfermas y distorsionadas de religión, que desde el punto de vista histórico y teológico tienen un amplio alcance; por esto, desde el comienzo, la fe cristiana ha sido muy crítica, tanto hacia el interior como hacia el exterior, frente a la religión.

Si al comienzo del concilio habían prevalecido los episcopados centroeuropeos con sus teólogos, durante las etapas conciliares el radio del trabajo y de las responsabilidades comunes se ha ampliado cada vez más. Los obispos se reconocían aprendices en la escuela del Espíritu Santo y en la escuela de la colaboración recíproca, pero precisamente de este modo se reconocían servidores de la Palabra de Dios que viven y operan en la fe. Los Padres conciliares no podían y no querían crear una Iglesia nueva, diversa. No tenían ni el mandato ni el encargo de hacerlo. Eran Padres del concilio con una voz y un derecho de decisión sólo en cuanto obispos, es decir, en virtud del sacramento y en la Iglesia sacramental. Por eso no podían y no querían crear una fe distinta o una Iglesia nueva, sino más bien comprender ambas de modo más profundo y luego realmente “renovarlas”. Por eso, una hermenéutica de la ruptura es absurda, contraria al espíritu y a la voluntad de los Padres conciliares.

En el cardenal Frings he tenido un “padre” que ha vivido de modo ejemplar este espíritu del concilio. Era un hombre de fuerte apertura y grandeza, pero sabía también que sólo la fe guía para salir hacia fuera, hacia aquel amplio horizonte que permanece cerrado al espíritu positivista. Y a esta fe quería servir con el mandato recibido a través del sacramento de la ordenación episcopal. No puedo más que estarle siempre agradecido por haberme llevado a mí – el profesor más joven de la Facultad teológica católica de la universidad de Bonn – como su consultor a la gran asamblea de la Iglesia, permitiéndome estar presente en esta escuela y recorrer desde dentro el camino del concilio. En este libro se recogen los diversos escritos con los cuales, en aquella escuela, he pedido la palabra. Se trata de pedidos de palabra totalmente fragmentarios, de los cuales se refleja el proceso de aprendizaje que el concilio y su recepción han significado y significan todavía para mí.

Espero que estas múltiples contribuciones, con todos sus límites, en el conjunto puedan de todos modos ayudar a comprender mejor el concilio y a traducirlo en una correcta vida eclesial. Agradezco de todo corazón al arzobispo Gerhard Ludwig Müller y a sus colaboradores del Institut Paps Benedikt XVI por el extraordinario empeño que han asumido para realizar este volumen.

Castelgandolfo, en la fiesta del santo obispo Eusebio de Vercelli, 2 de agosto de 2012.



Siempre lo mismo: Anónimos que se dirigen en carta abierta a todo el mundo.

Van aumentando las “adhesiones”. Ahora es una carta abierta de “lideres juveniles de la provincia” dirigida a Monseñor Mietto y publicada en el blog de Isamis. 

Es algo insensato que “lideres juveniles de la provincia” se dirijan a su Obispo a través de un blog teleguiado desde Quito, Guayaquil o Cuba.

Si esos tales jóvenes son de carne y hueso, no tienen más que llegar a la casa diocesana y hablar con el Administrador y entregarle la carta. Pueden ir con el periodista Cañar y ya hacen el reportaje. Pero como son jóvenes utópicos y virtuales, no pueden recurrir a eso que sería un buen golpe publicitario ideal.

Es sabido que en Isamis no hay jóvenes. Hay algunos que trabajan en mingas y hacen protestas a cambio de algunos dólares o de un almuercito: un pedazo de guanta o de tilapia acompañada de una coca cola gringa. O alguno que va a bailar o a tomar a un bar con el Padre Pablo, u otro que va a tocar la guitarra y a cantar a Radio Sucumbíos. Pero son “estrellitas” paganas, no son espirituales, no son gente de sacramentos, de biblias o de rezos. En cambio, en los Carismáticos, Juan XXIII o el Rosario Diario sí los hay, y muchos!

Pero el interés de Isamis no es el de llegar a la paz y la comunión sino deshacerse de Mons. Paolo, de los padres “prestaditos” y de los movimientos del Vicariato para reinar ellos solos con sus utopías y despilfarros, pretenden con esa publicación impresionar (a quién?) mostrando que hay una avalancha de cartas abiertas. Solo que al ser anónimas, pierden toda credibilidad. Ya lo dijimos y lo repetimos aquí.

Carta abierta de fieles del Vicariato… sin firmas ni responsables.

Carta abierta de padres de Ambato, sin firmas a no ser la de un irresponsable.

Carta abierta de jóvenes de la provincia… sin firmas ni responsables

Mañana podrá ser una carta abierta de los Shuaras, cofanes y secoyas, y pasado mañana otra de los negros, de las mujeres y de los alumnos del Pacífico. Y así, un sinfín de manifiestos hechos por nadie y dirigidos a toda la humanidad.

Nuestro blog, esta tribuna, tampoco tiene firmas ni responsables, es verdad. Pero al menos esgrimimos argumentos y usamos el sentido común. Somos anónimos… pero sabemos ser la voz de muchos.

Los “líderes juveniles de la provincia” pro Isamis son como la juventud carmelita ecuatoriana que se expresa en un blog JUCAE: un embuste monumental.

Podrán engañar a lectores de Zaragoza o de Alemania, pero en Sucumbíos todos nos conocemos bien, no somos fans de internet y sabemos o sospechamos quiénes son los autores intelectuales de estas falacias.

Gracias a Dios, Monseñor Mietto conoce el terreno que pisa, tiene experiencia pastoral y es un hombre de oración; le gusta el diálogo personal y directo y no se asusta con cartas anónimas o abiertas.


miércoles, 10 de octubre de 2012

Sin arrepentimiento no habrá paz ni comunión

El Padre Pierre, citando a un tal Anastasio, escribe en El Telégrafo un artículo sobre Mons. Gonzalo. Dice: “No nos arrepentimos de haber caminado junto a ti durante 40 años”. 

Que pena que no se arrepientan. En eso radica el conflicto que azota a los católicos de Sucumbíos, en la obcecación y la impenitencia.

Y “Gonzalo” sigue calladito en su retiro español, cuando una palabra suya podría ayudar en esta bolsa de gatos que nos ha dejado a la que el Padre Pierre presenta en un arrebato delirante como “una Iglesia fiel al Cristo del Reino, al servicio de los pobres y de los pueblos nativos, organizada democráticamente, animada por miles de servidores y ministros laicales reconocidos”.

Monseñor Gonzalo tiene mucha responsabilidad en los problemas que padecemos. Esperemos que cuando le llegue su hora, se arrepienta y no muera impenitente.

Si al Padre Jesús Arroyo ya lo hacen en la gloria ¿qué será cuando nos deje Mons. Gonzalo que ya en vida veneraban? (aunque de la boca para afuera…).


Y las firmas no siguieron…

Con fecha 29 de septiembre, ISAMIS publicó una “Carta abierta” - SOS contra la Iglesia Católica y en defensa de su propia y comprometida subsistencia, carta supuestamente representativa de la opinión los fieles del Vicariato de San Miguel de Sucumbíos. 

Nadie la firmaba y, para colmo del delirio, concluían: “Siguen las firmas”.

Un objetivo de ese manifiesto era de juntar adhesiones nacionales e internacionales para su iglesia y contra la Iglesia

Hasta ahora no sabemos de nombres, ni de firmas, ni de adhesiones. Solo sabemos de tres casos: una mexicana llamada Aurora Jiménez R. que escribió a Monseñor Paolo y, para presentarse, dice que participó de una asamblea diocesana de ISAMIS, anuncia que su marido también escribirá al Administrador por aparte (?), y manda una foto de uno de sus ojos del que sale una lágrima. Tragicómico.

Isamis recibió también la adhesión del Padre Pedro Pierre y del Padre Jesús Tamayo de la pastoral indígena de Ambato, dos exponentes de la contestación eclesial.

En síntesis, nadie de Sucumbíos firmaba (aunque la “carta abierta” era de los fieles de Sucumbíos!); y cómo adhesión lograda, tampoco nadie de Sucumbíos: uno de Ambato y dos extranjeros.

El blog de Isamis publica ahora la carta insolente del P. Tamayo a Mons. Mietto en la que declara que “es satánico” el plan de destrucción de ISAMIS, que los sacerdotes de Isamis “son de seria y larga experiencia de compromiso pastoral”… (pasa por alto que se trata de una “pastoral” no conforme a la de la Iglesia, como fue oportunamente denunciado por el Prefecto de la Evangelización de los Pueblos), mientras que pide a nuestro Administrador que despida a los dedicados sacerdotes misioneros que llama “colaboradores pasajeros y ocasionales”. Colaboradores eternos e incondicionales de Isamis parece que son solo el Padre Pierre y el Padre Tamayo.

Así termina su impertinente misiva el Padre Tamayo: “le aseguramos que hay mucha gente a nivel nacional e internacional, que harán causa común con una postura decidida a favor de la verdad y la pureza de la fe cristiana en una Iglesia de los pobres y sencillos, el campo escogido por el Señor Jesús. Lc. 10,21. Por muchos dispuestos a identificarse con sus firmas. Esta carta enviamos también a la Conferencia Episcopal”.

Lo de siempre, lo de siempre, lo de siempre. “Mucha gente a nivel nacional e internacional”… No pueden citarlos porque se desenmascararían demasiado. Cuando ISAMIS levantó una guerra contra el Vaticano por el nombramiento de los heraldos, consiguió algunos apoyos incómodos que le causaron más desprestigio que sustento: era un popurrí de políticos comunistas, sectas, gays, sindicatos, etc, y muchos de esos apoyos venían del exterior.

No sabemos si esta vez cometerán la imprudencia de publicar otras adhesiones que reciban. De repente, ya ni aquellos que les apoyaron les apoyan mas.

En todo caso, estos tres apoyos son totalmente insignificantes, lo mismo que la vacua declaración del indigenista ambateño que dice firmar “por muchos dispuestos a identificarse con sus firmas”. Dispuestos… pero no tanto.

Lo de siempre.

martes, 9 de octubre de 2012

Los carmelitas ecuatorianos no aprenden ni se corrigen


Existe un blog de la Juventud Carmelita ecuatoriana que lleva el nombre “Hagamos algo por Sucumbíos”; su logo es el mapa de la provincia de Sucumbíos con una cruz espada de Santiago clavada en su superficie y sangrando. Ver: http://mision-jucae.blogspot.com/ Este blog existe desde que Mons. Gonzalo salió y entraron los heraldos.

“Hagamos algo” significa, en última instancia, resistamos a la Santa Sede y a los Obispos de Ecuador para mantener la pastoral desastrosa de 40 años que se trata de suprimir implantando otra diferente.

Las materias que publican son lamentables: entre las más recientes está un artículo a favor de la candidatura de Hugo Chávez en Venezuela y otro sobre los 50 años del Concilio y contra los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI llamado “Del aggionamento a la recristianización”.

Estos jovenzuelos carmelitas no deben ser otros que los mismísimos viejos frailes que dejaron Sucumbíos, si bien que ya no son seis. O son ellos o son soplados por ellos. Es evidente.

“Del aggiornamento a la recristianización” tiene como sustento doctrinario a los “teólogos” censurados por la Santa Sede y ex sacerdotes Juan José Tamayo y José María Castillo. Ahí nos dicen, ni más ni menos, que Juan Pablo II y Benedicto XVI han trabajado contra el Concilio Vaticano II y que como resultado hemos vuelto a la edad media. Es resumidas cuentas es eso.

¿Sabe el Padre provincial carmelita de Colombia, Padre Naranjo –que recientemente estuvo de incógnito en Sucumbíos…- lo que escriben y publican estas ovejas descarriadas?

Atención: no es una broma, es la constatación de una tragedia: se trata de un cáncer que ha hecho sus metástasis en el Ecuador y que ni Burgos, ni Colombia, ni Roma consigue detener. ¿Hasta dónde irán los carmelitas descalzos ecuatorianos en su disidencia con la Iglesia?


REPRODUCIMOS Y COMENTAMOS UNA “CURIOSIDAD”


EL NUEVO PENTECOSTES
Fr. Armando R de Marìa
Hoy nuestra parroquia de San Antonio esta de fiesta porque después de haber acogido a estos 104 jovenes el día de su bautismo  reciben el sello del Espíritu santo que les confirma miembros activos  de la iglesia para que sean testigos del amor de Jesús en el mundo.
Hemos cumplido un camino catecumenal juntos para buscar la verdad y hemos comprendido que la verdad es Cristo mismo. 
Hoy es el gran día en que han venido para responder a la llamada del Señor.
La presencia de Mons. Gonzalo del Castillo, nos recuerda que nuestra comunidad parroquial esta unida a la arquidiócesis y a la Iglesia universal.


No deja de llamar la atención el comentario de la página de los carmelitas descalzos de Burgos, al decirnos de la presencia de un Obispo llamado Gonzalo en la celebración del sacramento de la Confirmación en una parroquia carmelita de Cochabamba: “Nos recuerda que nuestra comunidad parroquial está unida a la arquidiócesis y a la Iglesia universal”, 

Pero… ¿cómo se puede tener siquiera la sombra de una eventual autonomía o ruptura en relación a su arquidiócesis y a la Iglesia universal? ¿No está en la médula del carisma carmelitano la pertenencia gozosa a la Iglesia jerárquica?

Ah! es que la experiencia de otro Gonzalo y de cierto Vicariato amazónico, hablan en sentido contrario. El veneno isamita produce, precisamente, la ruptura con la Iglesia.

Recordemos que, durante décadas, la misión de Sucumbíos fue la niña de los ojos de los viejos frailes de Burgos. Pero ahora, en Cochabamba, parece que se están redimiendo al sentirse católicos de nuevo. Si así fuera, será un nuevo Pentecostés no solo en Bolivia, sino también en la ciudad del Cid.


lunes, 8 de octubre de 2012

La Catedral de Nueva Loja

Ahora ISAMIS protesta por las obras de la catedral 

El proyecto inicial de la catedral del arquitecto pro isamita Marco Haro es como el proyecto de evangelización de Mons. Gonzalo que por no estar de acuerdo con los lineamientos pastorales de la Iglesia, puede y debe ser suplantado por otro. ¿Por qué hay que seguir religiosamente la idea de Haro, cómo pretenden seguir con sus cuarenta años de pastoral equivocada?

¿Qué tiranía es esta de Isamis que, ahora en nombre de la modernidad e “inspirado en la revaloración y rescate de una nueva arquitectura contemporánea”, quiere impedir que, de una vez por todas, tengamos un templo para el culto de Dios y no para mingas inútiles y vigilias profanas?

Hace tantos años que damos al Ecuador y al mundo el triste espectáculo de una diócesis sin catedral (Mons. Gonzalo decía –para justificar el atraso en la catedral- que lo importante no eran los templos sino las personas, y que la comunidad es mejor que la parroquia…) y ahora que con tan buena voluntad estamos logrando, por fin, sacar adelante la obra, los de Isamis ponen el grito en el cielo… ¡pues no es su proyecto!

Por favor, Sr. Haro, Sra. Carrasco y Padres isamitas: dejen su orgullo herido de lado y piensen en las necesidades de la comunidad católica. Y respeten la voluntad de nuestro Administrador Apostólico y ayúdenlo en su trabajo.

Además en materia de gustos se puede opinar y no hay que guiarse por dogmatismos. En asuntos de fe y moral para Isamis no hay dogmas. Pero arquitectónicamente su proyecto es sagrado e intocable.

Si de “arquitectura amazónica” se trata, hagan ya de una vez una choza con madera y pajas que para eso el dinero que recaudaron en casi veinte años, les es más que suficiente.

Las puertas de cristal tan sofisticadas y caras traídas de Italia no tienen nada que ver con el rescate de los estilos amazónicos. Y, por otro lado, ciertos símbolos de animales, plantas y plumas indígenas que pretenden colocar en vitrales y pinturas, poco o nada que hacer con un templo católico, donde se debe buscar elementos que edifiquen la fe.

El arquitecto Haro habla de “daños irreparables que se están ocasionando a uno de los edificios religiosos más importantes de la comunidad católica”. Eso es reírse de la ciudadanía que está harta del espectáculo de un templo abandonado y en ruinas y que ve con buenos ojos los pasos que se están dando.

Que el Padre Pinos se ocupe de su parroquia de Aguas Negras, el Padre Pablo de estudiar teología ¡Dejen a nuestro Obispo disponer de su catedral!!!



¿Camino comunitario o camino sectario?

Los isamitas se preguntan en su blog “¿Cuándo podremos rescatar el camino comunitario que caracterizó a nuestra Iglesia?”. 

¡Pero si precisamente se trata de dejar ese camino y de transitar por otro!

¿No recuerdan la carta del Cardenal Días a Monseñor Gonzalo? El Prefecto de la Congregación de la Evangelización de los Pueblos le decía a nuestro ex Obispo: “La visión pastoral llevada adelante por Usted no siempre era conforme a la exigencia pastoral de la Iglesia como tal. Por tal motivo, el nuevo Administrador Apostólico tendrá que organizar el Vicariato e implantar de manera diferente todo el trabajo pastoral” (Congregatio Pro Gentium Evangelizatione, N°4417/10, Roma 15/10/2010)

Entonces: La visión pastoral llevada adelante por ISAMIS no es conforme a la exigencia pastoral de la Iglesia y debe organizarse el Vicariato, implantando todo el trabajo pastoral de manera diferente.

¿Entendieron? No hay peor sordo que el que no quiere oír…

En vez de llorar y patalear, reconozcan el error con humildad y dejen su beligerancia anticatólica.

Y si de “camino comunitario” se trata, incluyan en su camino a carismáticos, heraldistas y padres colaboradores, prestaditos y sin botas, porque de lo contrario no es camino comunitario sino camino sectario. Ah, y, de paso, incluyan también al Papa, al Presidente de la Conferencia Episcopal, al Nuncio y a los Obispos del Ecuador.

Manipulación del lenguaje.

En Sucumbíos es difícil entenderse entre católicos e isamitas porque se trata de un diálogo donde las partes hablan idiomas distintos.

Las palabras: utopía, reino, profecía, martirio, jerarquía, teología, poder, autoridad, sacramentos, pobres, liberación, etc. tienen un sentido en el diccionario y en la mente del común de los fieles, y otro sentido entre los seguidores de Isamis.

Por ejemplo, la palabra “autoridad”. Para los cristianos, esta palabra se refiere a la ordenación correcta de las relaciones entre personas que son todas iguales ante Dios; la autoridad está para servir y beneficiar a todos. Pero en Isamis, autoridad se entiende de forma pagana, se interpreta como poder y mando abusivo con el cual se domina a los débiles. Para ellos autoridad es explotación y desprecio.

Lo mismo en lo que se refiere a la palabra “utopía”. Esta palabra tiene varias acepciones y matices, y por lo mismo resulta temerario simplificar su significación dándole un sentido único que, además, es equívoco. Porque para el común de las personas, utopía es una cosa irrealizable, un sueño, una quimera. Pero los isamitas nos dicen que el reino de Dios es una utopía,y así confunden a la gente y trabajan contra los intereses del mismo reino.

Otra palabra con la que se abusa: “martirio”. Ser mártir significa derramar su sangre como víctima del odio a la fe. Pero en Isamis se cambia “fe” por “causa” o “ideal”. Entonces para ellos son mártires el Che Guevara, Luter King, Ghandi y hasta los seis carmelitas que fueron retirados de Sucumbíos.

¿Que la autoridad puede abusar? De acuerdo ¿Que el reino de Dios solo se realizará plenamente al fin del mundo? De acuerdo ¿Que hay muchos que mueren por sus ideas (buenas o malas) y a los cuales se le llama, por aproximación, “mártires”? De acuerdo. Pero que no se manipule el lenguaje al punto de desnaturalizar el sentido der las palabras. ¿Cómo se puede llegar a un entendimiento entre dos si uno dice que lo que ve es blanco y el otro dice que es negro?

En rigor, con los mudos o con los sordos es posible hacerse entender. Con los de lengua traidora y embustera, no. Dice el salmo 51: “Estás todo el día maquinando injusticias, tu lengua es navaja afilada, autor de fraudes” O el salmo 53: “Levantan la mano contra sus amigos; no cumplen su promesa de amistad. Usan palabras más suaves que la mantequilla, pero sus pensamientos son de guerra. Usan palabras más suaves que el aceite, pero no son sino espadas afiladas”.

A veces, da la impresión que así es la lengua de los isamitas.

domingo, 7 de octubre de 2012

La Catedral está casi lista

NO ES UN PADRE DIOCESANO ISAMITA NI UN CARMELITA REBELDE QUIÉN SACA ESTA OBRA ADELANTE. 
ES UN SACERDOTE "PRESTADITO", UN HERALDO SIN BOTAS... 
POR LOS FRUTOS SE CONOCE EL ÁRBOL: HACE MÁS DE QUINCE AÑOS QUE ESTA OBRA ES UNA RUINA. 
Y EN TAN SOLO SEIS MESES SE SACA LA CATEDRAL ADELANTE; HOY YA RELUCE GUAPA A LA LUZ DEL SOL. 

¡GRACIAS MONSEÑOR PAOLO! ¡GRACIAS PADRE WILSON! Y TAMBIÉN ¡GRACIAS HERALDOS!


La Catedral está casi lista 

Interior de la edificación, los trabajos avanzan. 
http://www.periodicoindependiente.com/sucumbios/47-nuevas/1069-la-catedral-esta-casi-lista.html 

Lago Agrio.- Después de varios meses de trabajos, la fachada de la Catedral de la Parroquia Nuestra Señora de El Cisne, ubicada frente al Parque Central de Nueva Loja, toma un moderno aspecto.

La construcción del templo habría iniciado hace aproximadamente 15 años, pero dificultades económicas y de administraciones apostólicas impidieron concluir el proyecto.

Wilson Yarama, padre del Vicariato Apostólico de Sucumbíos, es uno de los emprendedores de la obra. Desde su llegada, la primera preocupación del eclesiástico fue la ausencia de una iglesia, por ello decidió retomar la construcción.

“Hemos avanzado en esta gran obra que iniciamos hace seis meses con el apoyo, ayuda y donaciones de las poblaciones de Lago Agrio y El Coca. Para mí es una alegría porque aquí está el corazón de la ciudad”, aseguró.

Rediseño

El ingeniero civil, Humberto Quezada, realizó un rediseño total de la edificación para que coincida con algunos elementos que no correspondían a la catedral.

“Cuando vine apoyar en la obra se convirtió en un desafío, no solo económico sino técnico, porque no existía ni un solo plano de referencia. Nos dimos cuenta que faltaban algunos elementos indispensables en la iglesia tratando de mantener las mismas características del diseño original”, cuenta.

DATO

La inauguración del templo podría ser en unos dos meses, todo dependerá de las donaciones en material y apoyo económico para pagar la mano de obra.