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lunes, 30 de mayo de 2016

Con qué desvergüenza… (I)

Con qué desvergüenza se afirma, reafirma y recalcitra en cosas que la evidencia de los hechos y la perspectiva del tiempo no hace más que desmentir.

Por ocasión de la muerte de Mons. Gonzalo, algunas voces se han hecho oír para recordarlo con cariño, cosa que es normal y bienvenida. Lo que no se puede aceptar es la mentira y la calumnia.

El blog del Padre Eduardo Sanz de Miguel, Carmelita Descalzo de Burgos residente en Roma, publica una semblanza de Monseñor Gonzalo, muy desajustada de la realidad. A la vista de la preparación intelectual y de la abundante labor pastoral del Padre Eduardo, sorprende la ligereza con que emite juicios infundados, desconociendo o contrariando lo que vivimos en Sucumbíos.

Leer aquí si artículo completo:

Comentamos esta vez solo un párrafo (más adelante volveremos al tema) de su nota.
En un momento, haciendo la biografía del que fuera Vicario Apostólico en Sucumbíos, dice:

"(…) Inesperadamente llegó la noticia de que tanto él como los otros misioneros carmelitas serían reemplazados por los miembros de un grupo ultraconservador. Le acusaban de apoyar la teología de la liberación y de cosas parecidas."

“Inesperadamente” le habrá llegado la noticia al Padre Eduardo, porque hacía años que en Sucumbíos estábamos esperando un relevo. No solo por la edad del Obispo sino también por la manera de organizar su pastoral, contraria a los intereses de la Iglesia misma.
(Ver informe final de la Visita Apostólica que realizó Mons. Filipo Santoro en diciembre de 2009, cuando era Obispo de Petrópolis. Actualmente Mons. Santoro es Presidente de la Comisión Episcopal para los Problemas Sociales, Laborales, de la Justicia y de la Paz de la Conferencia Episcopal Italiana.
https://genus21.wordpress.com/2011/06/07/sucumbios-retrospectiva-2008-2009/ . Ver también la carta del Cardenal Prefecto de la Congregación de los Pueblos, Iván Días, dirigida a Mons. Gonzalo en octubre de 2010. “En la misiva el Cardenal criticaba que "la visión pastoral llevada adelante por usted no siempre era conforme con la exigencia pastoral de la Iglesia" por lo que "el nuevo Administrador Apostólico tendrá que organizar el Vicariato e implantar de manera diferente todo el trabajo pastoral".

No remplazaban a los carmelitas “miembros de un grupo ultraconservador” sino religiosos de una Sociedad de Vida Apostólica de Derecho Pontificio, perfectamente en comunión con la Iglesia de Roma y de Ecuador y, por cierto, con una sensibilidad bien diferente a la de los Carmelitas venidos de Burgos.

No está claro en la redacción del Padre bloguero quién o quiénes acusaban a Monseñor Gonzalo y a los carmelitas de “apoyar la teología de la liberación y otras cosas parecidas” (?) Es un hecho notorio que fue bajo las banderas de esa teología que los carmelitas operaban en Sucumbíos. Nunca lo ocultaron. Más que una acusación (palabra que suena a calumnia), se trata de una pacífica constatación que no fue desmentida por Monseñor Gonzalo ni por sus frailes.

Al opinar sobre el cambio de administración en el Vicariato criticando al tal “grupo ultraconservador” del que no quiere dar el nombre (¿por qué será?) y al dejar como víctima a los carmelitas, sus hermanos de hábito (hábito que no usaban en Sucumbíos), el autor de la nota contesta olímpicamente la decisión del Papa, del Cardenal de la Evangelización de los Pueblos, del Visitador Apostólico, del Nuncio Apostólico en Ecuador (excelente diplomático que lleva más de once años de servicio en nuestro país), de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, y, por supuesto, del Administrador Apostólico que remplazó a Monseñor Gonzalo en obediencia al mandato recibido.

Es oportuno recordar aquí que Benedicto XVI, en su libro-entrevista “Luz del Mundo”, publicado precisamente en Octubre de 2010, cuando se daba el cambio de administración en nuestro Vicariato, cita elogiosamente a los Heraldos del Evangelio: “jóvenes llenos de entusiasmo por haber reconocido en Cristo al Hijo de Dios y por anunciarlo al mundo”; son la prueba que también en Brasil – donde han nacido – “se asiste a grandes renacimientos católicos”.

Se comprende que un carmelita de Burgos haga cuerpo con Isamis, a pesar de que dicho “grupo ultra reformador” ya está muerto y enterrado.

Lo que no se acepta es la mentira y la calumnia, y menos, venida de un religioso.

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