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domingo, 6 de abril de 2014

Santa Sede dice a la ONU:

No necesitamos reinventar la rueda.
La familia es la solución a la pobreza
En su más reciente intervención, el Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Nueva York, Estados Unidos, Mons. Francis Chullikatt, recordó que los principios defendidos permanentemente por la Iglesia pueden orientar las políticas internacionales y aportar soluciones simples y efectivas a problemas complejos. Pidió incluir la promoción de la familia como la forma natural y fundamental para lograr el desarrollo de la sociedad.
05/04/14
(Gaudium Press) Esta perspectiva, innegablemente demostrada en la práctica y el sentido común, enfrenta la «obstinación» de los gobiernos que aún no reconocen «el papel obvio de la familia en la erradicación de la pobreza». Por este motivo, faltan medidas que «aborden sus causas con políticas sensibles a las familias que apoyen la estabilidad de la más fundamental de las instituciones sociales», denunció Mons. Chullikatt. Dicha actitud es «altamente irresponsable y finalmente contraproducente de parte de los gobiernos».

Abordar la pobreza desde el núcleo de la sociedad. El Arzobispo manifestó que en el trabajo en contra de la pobreza, considerada por la ONU como el mayor desafío de la actualidad, «no necesitamos reinventar la rueda», ya que la sociedad misma ha desarrollado en la familia su «bloque fundamental básico» y es a este nivel al cual hay que trabajar. «No hace falta buscar lejos a quienes son más urgentemente afectados por el escarnio de la pobreza y el hambre: las mujeres, los niños y los jóvenes», afirmó el Observador Permanente.
La solicitud principal de la Santa Sede es que se incluya la promoción de la familia como una prioridad de desarrollo de manera oficial después de 2015. «Esta es una recomendación que mi delegación apoya decididamente», anunció Mons. Chullikatt. «Con ella, llamamos a los Estados a reconocer que sumar la familia como una prioridad transversal a la agenda de desarrollo post 2015 constituiría un 'paso progresivo', ya que esto está insuficientemente abordado en este proceso».
Caridad con los necesitados. El prelado recordó finalmente que la Iglesia identifica la caridad cristiana como el principio rector no sólo de las relaciones entre las personas a pequeña escala, sino también de las relaciones sociales, económicas y políticas, y extendió a los presentes la invitación de Papa Francisco a preocuparse genuinamente por la sociedad, el estado de las personas y la vida de los más necesitados.


Que los isamitas de Sucumbíos se pongan en sintonía con la Santa Sede y se empeñan en promover la familia, tan debilitada en nuestra provincia.

Concientizar a los jóvenes y a los novios para la recepción del  sacramento del matrimonio; defender la vida desde el vientre materno y combatir el aborto (y no promoverlo como lo han hecho desde Radio Sucumbíos); formar a los jóvenes en la responsabilidad y combatir los “modelos” de familia y de iglesia opuestos a los de siempre;  promover la oración en familia, especialmente el Rosario diario; promocionar el trabajo, el respeto y la honestidad -y no la rebelión y el odio de clases contra los ricos, los policías y los militares; respetar el día del Señor (el domingo), y posibilitar los sacramentos, especialmente el bautismo, la confesión y la eucaristía.

¡Viva la familia de nuestro Oriente ecuatoriano! Vivan las mujeres que se sacrifican y se dedican a su hogar, que aman y educan a sus hijos y que respetan y están sumisas a sus maridos como lo manda el apóstol Pablo en sus epístolas y como lo contestan con furia algunas mujeres desviadas (hasta monjas!) de cierta bien conocida Federación...

El desarrollo no se logra con huelgas o con mingas. Mucho menos con “vigilias”, que fomentan la pereza -ya sean permanentes, esporádicas o inexistentes... El desarrollo se hace promoviendo la institución de la familia a partir del matrimonio monogámico e indisoluble y de la educación de los hijos en la fe y los valores cívicos. El desarrollo y la lucha contra la pobreza no tienen nada que ver con ciertos paganismos de las tribus ancestrales de nuestra Amazonía, pobre gente abandonada y salvaje que se trata de civilizar y de promover, en lugar de imitar, como predica Isamis.



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